El negocio de las bebidas fermentadas
La Kombucha (té negro fermentado con un hongo SCOBY) ha invadido los supermercados vendiéndose como un elixir milagroso para la salud digestiva. Pero, ¿hay evidencia científica real detrás de esa botella de 3 euros o es simplemente un refresco hipster?
El problema de la supervivencia bacteriana
Para que un probiótico tenga beneficios, la cepa bacteriana viva debe sobrevivir al entorno extremadamente ácido del estómago (pH 2) y llegar intacta al colon.
La kombucha artesanal contiene ácidos orgánicos beneficiosos, pero los estudios muestran que la gran mayoría de sus levaduras y bacterias no sobreviven la digestión, siendo muy inferiores a las cepas presentes en el Kéfir de leche o el chucrut no pasteurizado.
El engaño de la Kombucha comercial
La fermentación requiere azúcar. En la kombucha artesanal, el hongo consume casi toda el azúcar, dejando una bebida ácida y avinagrada.
Para que el producto se venda en masa, las marcas comerciales detienen la fermentación antes de tiempo y le añaden zumos de frutas. El resultado es que muchas kombuchas de supermercado contienen hasta 15 gramos de azúcar libre por botella. Estás comprando un refresco con un aura de salud inmerecida.
