El mito del deporte "perfecto"
La natación se ha prescrito médicamente durante décadas como el ejercicio universal. Es cierto que desarrolla una capacidad cardiovascular excepcional, involucra todo el cuerpo y tiene un riesgo de lesión articular prácticamente nulo gracias a la flotabilidad del agua.
Pero esa misma virtud es su mayor defecto fisiológico: la ausencia de gravedad.
La Ley de Wolff y la Gravedad Cero
La Ley de Wolff establece que los huesos de una persona sana se adaptarán a las cargas a las que se someten. Si sometes a un hueso a impactos (correr) o cargas axiales pesadas (sentadillas), los osteoblastos reciben la señal de añadir minerales, volviendo el hueso más denso y fuerte.
En el agua, el impacto mecánico es cero. Las investigaciones en nadadores competitivos de élite que solo entrenaban en la piscina arrojaron resultados alarmantes: su Densidad Mineral Ósea (DMO) era significativamente inferior a la de corredores, levantadores de pesas e incluso inferior a la de personas sedentarias de su misma edad.
El complemento obligatorio
La osteopenia (antesala de la osteoporosis) es un riesgo real para los fanáticos exclusivos del agua. Para los nadadores, el trabajo en el gimnasio (*Dryland Training*) con ejercicios de impacto y pesas no es solo una forma de nadar más rápido, es una obligación médica para mantener un esqueleto funcional de cara a la vejez.
